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| Diario de Navegación 2005
- 14.000 millas. |
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La campaña de prácticas de
navegación ha terminado en el último fin de semana
del mes de agosto al cabo de 82 jornadas de navegación,
llevadas a cabo entre los barcos QUINTO REAL, MASUN y TROLL
CUARTO, en prácticas para la obtención de los
títulos PER, Patrón de de Yate y Capitán
de Yate.
Todas estas jornadas alargan la derrota de nuestra Escuela al
cabo de los pasados ocho años, desde que comenzaron a
ser necesarias las prácticas de navegación, superando
una distancia medida de 14.000 millas, de manera que tenemos
la sensación de llevar a cabo un viaje bastante largo
e importante que se ha conseguido sumando cientos de esfuerzos
distintos.
Las distancias recorridas navegando a vela no son un regalo:
son navegaciones lentas en las que el barco reclama todos los
cuidados y nuestra atención permanente, a veces, también
exige el arte para alcanzar bien nuestro destino o para mover
el barco correctamente sin hacerle daño y sin cansar
a los nuevos marineros de cada tripulación. Es necesaria
la paciencia y el buen temple para seguir la pista de los vientos
de cada día y llevar la proa hacia los mejores rumbos,
aquellos con los que podremos redondear una bonita cifra de
millas navegadas, con bien y con buena fortuna.
La mayoría de nuestros alumnos navegan tres jornadas
con nosotros. Antes de navegar se han puesto al corriente de
diversos conocimientos y mucha información que necesitan
contrastar con el mundo real de la navegación y de los
barcos de recreo. Desde las primeras maniobras, desde el dudoso
instante en el que uno intenta hacer un nudo en el extremo de
una amarra, pasando por el descubrimiento de la navegación
nocturna, cuando cabe preguntarse la distancia a la que se encuentra
la rompiente de los acantilados o el dique que se perfila por
estribor, el estupor que acompaña el jaleo de la primavera
virada, todo es un cierto experimento del que hay que obtener
resultados positivos.
Más tarde se termina el viaje, hemos cubierto el programa
establecido, en eso no tenemos fisuras. Intentamos apreciar
los resultados y hacer balance ¿nos han acompañado
buenas condiciones? ¿hemos conseguido lo que nos proponíamos?,
nuestra experiencia nos anima a pensar que sí. En el
término general, nuestros alumnos terminan por saber
caminar por el barco, subir, entrar en la cabina, pilotar el
barco a vela, cazar y amollar las escotas de forma más
o menos conveniente, izar, arriar, atracar, fondear… maniobrar,
comunicarse a través de la radio y entender lo que se
escucha por el canal 16, reconocer la costa, situarse…
“Sí, es una sorpresa ver que hemos podido situar
el barco con una precisión de dos cables utilizando los
procedimientos tradicionales, los compases de marcaciones y
las rudimentarias líneas dibujadas sobre la carta, líneas
verdes, líneas azules…”
Nos gusta pensar que de algún modo hemos hecho un viaje
juntos y que las fotos nos permiten recordar detalles y nombres
propios, nombres de personas que han sido “nuestra tripulación”.
Todas esas horas que hemos pasado trazando la estela nos han
mantenido unidos en el mismo propósito y para conseguirlo,
hemos aprendido a navegar.
Al norte geográfico de la playa de Hendaya, concretamente
a partir de un pétreo monolito blanco de unos cinco metros
de altura, se traza la línea que divide las aguas españolas
de las francesas. Este eje con su curioso y discreto cambio
de dirección situado a unas cinco millas es un camino
señalado en el rincón profundo del Golfo de Vizcaya.
Los buenos vientos de la primavera y del verano nos llevan con
frecuencia a las aguas francesas del mismo modo que el Puerto
de Hendaya, siendo francés, nos acoge amablemente, de
manera que la bandera francesa está casi permanentemente
izada bajo la cruceta de estribor. Como si fuera una coincidencia
cósmica, con frecuencia, los vientos del Oeste y los
noroestes nos cortan el paso hacia los puertos de Guipúzcoa
y Vizcaya, mientras que los Nordestes de las situaciones anticiclónicas
no se deciden, por su carácter térmico a empujarnos
hacia el Oeste, porque a partir del cabo de Higuer se vuelven
remolones y se apagan lejos de la costa. A la condición
meteorológica hay que sumar algún que otro mal
recuerdo que estos puertos han dejado en nuestra memoria.
Un barco es un barco, grande o pequeño, valiente y marinero
o hecho para lagos y aguas tranquilas, pero en definitiva, barco.
En el mar, un barco es mucho. A bordo está la vida de
las personas que de él dependen; y de su pabellón
dependerán otro montón de asuntos importantes
que por decirlo de algún modo afectan a lo que podríamos
llamar “seguridad jurídica”. La gente de
mar, entiende muy bien lo que esto quiere decir, por eso, ni
en la marina mercante ni en la flota de pesca encontraremos
marinos que no entiendan la importancia de que un barco muestre
su pabellón.
Ahora al final de la temporada, hacemos nuestra lista de preparativos
para la campaña del 2006, tomando buena nota para cambiar
y para mejorar aquello que esté en nuestra mano. También
nos apresuramos a discurrir cambios y vamos pensando en un nuevo
barco…
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